Distribuidor

Los alimentos frescos o transformados llegan a las tiendas por distintas vías según su modelo de negocio, normalmente a través de los mercados mayoristas en el comercio tradicional (pequeños establecimientos independientes) o mediante plataformas logísticas en la distribución moderna (supermercados, hipermercados…).

Durante la distribución son el transporte y una manipulación inadecuados los que generan en mayor medida las pérdidas y el desperdicio de alimentos. Las exigencias de características comerciales estrictas, los cambios de conducta del consumidor y su comportamiento en el propio establecimiento, entre otras causas, también pueden aumentar el volumen de los alimentos que finalmente no son consumidos.

Cuestiones claves para reducir las pérdidas y el desperdicio de alimento

  • Formación del personal laboral y elaboración de protocolos.
  • Apostar por los productos de proximidad y de temporada y por los canales cortos de comercialización.
  • Mantener una buena comunicación con los clientes para ajustar oferta y demanda y estándares de calidad exigidos.
  • Optimizar la frecuencia de los pedidos, ya que aumentar su número puede facilitar la estimación de las necesidades de compra de la mercancía.
  • Adaptar la variedad en la gama de productos perecederos a la capacidad de almacenamiento y a las ventas, ya que un exceso de oferta puede evitar una rotación adecuada y un incremento en las pérdidas y desperdicio.
  • Considerar las necesidades en cuanto a formatos de compra de los consumidores: envases de menor tamaño, venta a granel…
  • Garantizar las condiciones adecuadas durante la manipulación, almacenamiento y transporte (temperatura, humedad…), especialmente en relación a las condiciones higiénico-sanitarias y en productos perecederos.
  • Garantizar la trazabilidad de los lotes para evitar tener que descartar más mercancía de la imprescindible si surge alguna incidencia.
  • Llevar un adecuado control del stock y seguir el sistema FIFO para los perecederos (“Primero en entrar, primero en salir”) y el sistema LIFO para los no perecederos (“Último en entrar, primero en salir”).
  • Almacenar por grupos los productos según sean de baja o alta rotación, incluso en espacios diferenciados si se dispone de varios almacenes.
  • Mantener los estantes y expositores con suficiente producto optimizando la reposición para evitar que los consumidores elijan fechas de caducidad y consumo preferente más lejanas y no se produzca una rotación adecuada.
  • Realizar ofertas y promociones con los productos que presenten una vida útil corta.
  • Hacer campaña de marketing de frutas y verduras que no cumplen las características de calidad habituales exigidas por el cliente.
    Conoce la campaña de Intermarché “Les Fruits et Légumes Moches”.
  • Considerar la posibilidad de transformar el producto en la misma tienda: elaboración de ensaladas, preparados para sopas, zumos…
  • Facilitar información y asesoramiento a los consumidores sobre la forma de manipular, conservar y elaborar los productos que adquieren.
  • Realizar auditorías para identificar los puntos donde se generan las pérdidas y desperdicio.
  • Incluir la reducción de las pérdidas y el desperdicio de alimentos dentro de la política de responsabilidad social empresarial, haciendo partícipe a todo el personal laboral y a las relaciones con proveedores y clientes.
  • Reciclar los productos que no se pueden aprovechar mediante, por ejemplo, la elaboración de abonos.
  • Donar para no desperdiciar a los Bancos de Alimentos u otras organizaciones benéficas.
  • Establecer rutas optimizadas de entrega con las entidades receptoras de los productos donados.
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